Aunque me encuentre agusto, necesito tu tranquilidad... Aunque te encuentres agusto, estás contando los dias.
Pero, si quisiera silencio, susurraría. Y si quisiera soledad, me habría marchado. Y si quisiera que me rechazaras... habría participado en el juego.
Y si no te amara, tú lo sabrías.
¿Y por qué!... no puedes tan sólo abrazarme?
¿Y por qué tiene que ser tan duro?
¿ Es que... te gusta verme destrozada...?
¿Y por qué todavia me importa...?
Dices que ahora ves la luz, al final de este estrecho pasillo. Desearía que no me importara, y desearía no habertelo dado todo.
Si quisiera silencio, susurraría. Y si quisiera soledad, me habría marchado. Y si quisiera que me rechazaras, no habría participado.
Y si no te amara, Tú lo sabrías,
¿ Y por qué!... no puedes tan sólo abrazarme!??
¿ Y por qué... tiene que ser tan duro??
¿ Es que... te gusta verme destrozada...?
¿Y por qué todavia me importa...?
Pobre pequeña incomprendida. A nadie le gusta ver una cara triste... pero no puedo recordar mi vida sin él. Aunque creo que tuve buenos días, estoy segura que tuve buenos días...
Uno de los niños de una clase de educación infantil preguntó: Maestra… ¿qué es el amor? La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en la hora del recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajeran cosas que invitaran a amar o que despertaran en ellos ese sentimiento. Los pequeños salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
Quiero que cada uno muestre lo que ha encontrado. El primer alumno respondió:
Yo traje esta flor… ¿no es bonita? A continuación, otro alumno dijo:
- Yo traje este pichón de pajarito que encontré en un nido… ¿no es gracioso?
Y así los chicos, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio.
Cuando terminaron, la maestra advirtió que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido en silencio mientras sus compañeros hablaban. Se sentía avergonzada por no tener nada que enseñar.
La maestra se dirigió a ella:
Muy bien, ¿y tú?, ¿no has encontrado nada que puedas amar? La criatura, tímidamente, respondió:
- Lo siento, seño. Vi la flor y sentí su perfume, pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma durante más tiempo. Vi también mariposas suaves, llenas de color, pero parecían tan felices que no intenté coger ninguna. Vi también al pichoncito en su nido, pero…, al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí dejarlo allí…
Así que traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de las mariposas y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo enseñaros lo que he traído?
La maestra le dio las gracias a la alumna y emocionada le dijo que había sido la única en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que al amor lo llevamos en el corazón.
Tantas veces, recorriste tantas veces, mi cuerpo con tus manos. Tantas veces, recorriste tantas veces, mi cara con tus labios. Tantas horas, estuvimos tantas horas confundidos y abrazados que al llegar a mi casa me pasé...
Toda la noche oliendo a ti, mordiendo la almohada oliendo a ti, sintiendo tu boca recorrer mi cuerpo oliendo a ti. Dando mil vueltas me dormí, allí entre mis sueños te encontré y cuando de dia desperté seguía oliendo a ti.
Tantas veces, paseaste tantas veces tus labios por mi cuello, tantas veces, descansaste tantas veces recostandote en mi cuerpo, tantas horas nos pasaron tantas horas de besarnos sin aliento que al llegar a mi casa me pasé...
toda la noche oliendo a ti, mordiendo la almohada oliendo a ti, sintiendo tu boca recorrer mi cuerpo oliendo a ti. Dando mil vueltas me dormí, allí entre mis sueños te encontré, y cuando de dia desperté seguía oliendo a ti.
Toda la noche oliendo a ti, mordiendo la almohada oliendo a ti, sintiendo tu boca recorrer mi cuerpo oliendo a ti. Dando mil vueltas me dormí, allí entre mis sueños te encontré y cuando de dia desperté seguía oliendo a ti.
Toda la noche oliendo a ti, mordiendo la almohada oliendo a ti, sintiendo tu boca recorrer mi cuerpo oliendo a ti.......
De entre todas las hadas del bosque hay solo una que despierta con su gran virtud cada mañana, haciendo resonar sobre el viento la campana, despertando el claro sol naciente en tu laguna.
Tus cálidas alas del color verde aceituna, son las hojas que desvelan la brisa temprana, con su aleteo tejen hilos de porcelana, cobijando en tu volar la miel y la fortuna.
El aliento en tu cáliz es el ansiado sino, que busca el peregrino amante en la gran distancia, y aún perdido en tu bosque resuena su infancia, donde el hada de sus sueños le enseñó el camino.
Eres una bella ilusión de un cuento divino, la margarita clara, la lluvia y la fragancia, la más bonita alondra, cubierta de elegancia, una bella amapola que en la mente imagino.
Son tus manos sagradas las que envuelven la arcilla, y tus dedos van llenos, de un molde perfumado, las caricias que vierten, son el mar adorado, son más puras que el aire, llevan miel y semilla.
Si un nombre te pusiera, sería campanilla, pues tu voz es un mito, en el bosque encantado, y tu viento es la sangre, del río derramado, y tu amor es la calma, en la flor más sencilla.
Se llora para apagar el daño, porque crees que es una brizna de mínima ceniza sobre el barro, o sobre la hierba fresca de tu frente.
No se llora por dolor.
Se llora para calmar el daño, pues piensas que tus lágrimas amargas van a dulcificarte, sin que dure muchos años.
No se llora porque pierdes, se llora porque nunca lo tuviste, aunque alguna vez lo imaginaste y, nunca, nunca lo poseíste.
Se llora sin saber y sin querer siquiera. Agua fluye de tus concavidades. Estaba perdida entre tus dientes y busca salida pronta hacia ese aire.
No se llora por amor. Pues ese va contigo. Ni por la felicidad perdida. Esa la tuviste y la disfrutaste.
Aunque fuera de mentira. Tú sola la construíste. Se lo perdieron. Tú nada perdiste.
A pesar de saber o de esperarlo, de temerlo, pensarlo o esquivarlo, lloras siempre, siempre, aunque no quieras.
Y no es la lágrima perdida en la ventana, ni en la mejilla de fértil primavera, tampoco el caudal que viene raudo, presto, rápido, ni el calmado que fluye dentro entero, es todo el daño que permitiste que te hicieran, la culpa es mía, dices, pues no es la vez primera, me dejé, lo consentí. Estaba ciega...
Sé que me enamoré, yo caí perdida sin conocer que al salir el sol, se te va el amor.
Duele reconocer, duele equivocarse y duele saber que sin ti es mejor, aunque al principio no.
Me perdí apenas te vi, Siempre me hiciste como quisiste.
Porque siempre estuve equivocada y no lo quise ver. Porque yo por ti la vida daba, porque todo lo que empieza acaba.
Porque nunca tuve más razones para estar sin él, porque cuesta tomar decisiones, porque se que va a doler, y hoy pude entender, que a esta mujer siempre la hiciste... inmensamente triste.
Hoy que no puedo más, sigo decidida a dejarte atrás, por tu desamor lastimada estoy.
Si, así me sentía, no sé por qué seguía apostándole mi vida a él
Porque siempre estuve equivocada Y no lo quise ver. Porque yo por ti la vida daba, porque todo lo que empieza acaba.
Porque nunca tuve más razones para estar sin él. Porque cuesta tomar decisiones, porque se que va doler.
Y hoy pude entender, que a esta mujer siempre la hiciste... inmensamente triste.
Los besos que te gustan tienen alas de fuego, nacen en la espesura dialéctica de un sueño. Crecen imperiosos, colosales y malévolos, viajan escondidos entre letras de sosiego.
Los besos que te gustan tienen aroma de cielos fulgurantes, supersónicos, son zigzagueantes tienen motor atómico, que producen los deshielos. Arrancan cortinas de nubes, como pájaros elocuentes.
Los besos que te gustan, tienen sabor de mar, de mangos rebeldes, que se resisten a la extinción. De caracolas fosforescentes que brillan con pasión, de cocoteros orgullosos que cantan con el brizar.
Los besos que te gustan, no los tiene nadie más, hierven en mi sangre hambrientos de libertad. Ten cuidado con ellos, son ardientes, te puedes quemar, son como brújulas locas, buscando tu claridad.
Besos sazonados, con cumbias besos sazonados con parrandas, besos que te apuntan. Esos, Esos son los besos que te gustan.
Necesito aire para no pensar, aire para echarte, para respirar, necesito mi aire, mi espacio, el que tú me robaste. Que suene mi móvil y no seas tú, tú y siempre tú y nadie más que tú, controlando, acechando, qué estúpida forma de amarme.
No hay toque de queda, esta nena buena vuelve a ser quien fue, enseña las piernas y rompe las cuerdas de tu inmadurez, hoy doy una fiesta donde se celebra mi resurrección, aire limpio, quiero aire, y acabar tu maldición, se acabó aquello de:
Tú danzando y yo esperando que vinieras por mí, tú pasando y yo llorando encerrada y sin saber de ti, tú sumando y yo restando a mis años ganas de vivir, y entretanto tú cazando otro amor por ahí.
Ya no me intimidas, ya nada me obliga a dar sin recibir, ya no aguanto gritos y te cierro el grifo, lástima de ti, hoy me siento guapa, sola pero guapa y sola quiero estar, aire limpio, quiero aire, aire para respirar, se acabó aquello de.
Tú danzando y yo esperando que vinieras por mí, tú pasando y yo llorando encerrada y sin saber de ti, tú sumando y yo restando a mis años ganas de vivir, y entretanto tú cazando otro amor por ahí.
Necesito aire para respirar.
Tú danzando y yo esperando que vinieras por mí, tú pasando y yo llorando encerrada y sin saber de ti, tú sumando y yo restando a mis años ganas de vivir, y entretanto tú cazando otro amor por ahí.
Soñamos que vivimos un amor eterno y un día nos despertamos frente a una realidad:
Ya no nos aman... ¿Por qué?
Amar tambien implica correr riesgo, y cuando se ama en verdad se sufre, y como nos cuesta soltar aquello que amamos...
Dejar ir, soltar, esa es la clave y no es fácil porque duele.
Seguir llorando aquello que no tengo me impide disfrutar esto que tengo ahora.
Aprender a enfrentarse con el tema de la pérdida es aceptar vivir el duelo, saber que aquello que era es aquello que era y que ya no es más o por lo menos que ya no es lo mismo que era.
De hecho nunca es lo mismo.
Cuando yo me doy cuenta de que algo ha muerto, de que algo está terminado, ese es un buen momento para soltar.
Cuando ya no sirve, cuando ya no cumple, cuando ya no es, es tiempo de soltar. Lo que seguro no voy hacer, si te amo de verdad, es querer retenerte.
Lo que seguro no voy a hacer es tratar de engancharte, si es verdad que te amo.
Te amo a tí ...
¿O amo la comodidad de que estés al lado mío?
¿Estoy relacionado contigo, individuo o persona?, ¿O estoy relacionado con mi idea de que ya te encontré y no quiero salir a buscar a más nadie?
No te atrapo, no te agarro, no te aferro, no te aprisiono.