Si dos con el alma se amaron en vida y al fin se separan en vida los dos. ¿Sabéis que es tan grande la pena sentida que nada hay más triste que el último adiós?
En esa palabra que breve murmuran, en ese gemido que exhalan los dos, ni verse prometen, ni amarse se juran, que en esa palabra se dicen ¡adiós!
No hay queja más honda, suspiro más largo que aquella palabra que dicen los dos: el alma se entrega a horrible letargo; la vida se acaba diciéndose ¡adiós!
Al fin ha llegado la muerte en la vida, y al fin para entrambos morimos los dos; al fin ha llegado la hora cumplida, la hora más triste... el último ¡adiós!
Ya nunca en la vida, gentil compañero, ya nunca volvemos a vernos los dos; por eso es tan triste mi acento postrero, que nada hay más triste que el último ¡adiós!
No te rindas, aún estás a tiempo De alcanzar y comenzar de nuevo, Aceptar tus sombras, Enterrar tus miedos, Liberar el lastre, Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, Continuar el viaje, Perseguir tus sueños, Destrabar el tiempo, Correr los escombros, Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas, Aunque el frío queme, Aunque el miedo muerda, Aunque el sol se esconda, Y se calle el viento, Aún hay fuego en tu alma Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo Porque lo has querido y porque te quiero Porque existe el vino y el amor, es cierto. Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, Quitar los cerrojos, Abandonar las murallas que te protegieron, Vivir la vida y aceptar el reto, Recuperar la risa, Ensayar un canto, Bajar la guardia y extender las manos Desplegar las alas E intentar de nuevo, Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas, Aunque el frío queme, Aunque el miedo muerda, Aunque el sol se ponga y se calle el viento, Aún hay fuego en tu alma, Aún hay vida en tus sueños Porque cada día es un comienzo nuevo, Porque esta es la hora y el mejor momento.
Dolores, esposa, madre, abuela, bisabuela y trabajadora ejemplar es un ejemplo a seguir por las mujeres que hoy en día tenemos todas las comodidades a nuestro alcance y no nos parecen suficientes. Esta gran mujer, después de todas sus tareas aún sacaba tiempo para plasmar sus sentimientos en unas hojitas y satisfacer su gran afición "La poesía"
Se está suprimiendo una casa que no hay motivo para seguir ocupando (al menos por quien ya no tiene que necesitarla). Surge una pregunta: ¿Y con la máquina que hacemos? - Llévatela tú si quieres, yo tengo una moderna- ¡Ah! y yo también, ¿para que quiero otra? Además está muy vieja y estropeada, yo tampoco la necesito. Pues que se la lleve el hombre de la "chatarra" Enmudecen sin saber que decir, sin poder decir nada, porque un nudo les oprime la garganta y unas lágrimas se deslizan silenciosas y amargas.
En el cajón de la derecha hay un papel que dice: ¡No me tiréis! ponedme en algún rincón de vuestra casa, además aunque vieja y maltrecha, aún sirvo, solo teneis que dar al pedal y veréis girar mis ruedas con prontitud y ligereza, ¡no me tiréis! siquiera por aquella que tanto en mí cosió.
Ella cantaba y cosía. yo cantaba mi canción, mientras mis ruedas giraban de sus canciones al son y... algunas veces lloraba, y le acompañaba yo, cuando sola se quedaba terminando la labor.
No pido demasiado, colocadme donde queráis, me conformo con algún rincón de vuestra casa, o en la buhardilla. ¡No me ofenderé aunque me tengáis olvidada y tapada con cualquier pedazo de lona gris o azul o de cualquier color..., pero no me tiréis!
A Mi Vieja Máquina De Coser: Compañera Y Amiga
fiel y dulce compañera te quise como una hermana, de la noche a la mañana puse mis ojos en tí y también mi corazón, nunca te faltó un rincón al lado de mi ventana.
Mis penas yo te contaba y también mis alegrías, ¡cuántas cosas tú dirías si hubieses podido hablar!
¡Cuánta ayuda me prestaste!. ¡Cuánta compaña me dás!. Ya está tu rueda maltrecha y... tus pies también lo están.
Como los tuyos... mi vieja hermana del alma, los míos caminan con calma al país de la verdad.
te quise como a una hermana... y esta noche que la luna clara me viene a alumbrar, le canto mi amor a ella y un sentimiento profundo brota de mi corazón y en cada letra un borrón y una lágrima furtiva, porque a un lado de mi vida corriendo, la tuya está.
Mi máquina ya está vieja que a mi lado envejeció, ¿donde irás cuando yo muera, fiel amiga y compañera, que tan bién me aconsejó?.
Quisiera fundirme hermana con tu metal de campana, para suplicarle a Dios, con una ofrenda de flores que perdone a la Dolores que tanto y tanto cosió.
Recorrer un cuerpo en su extensión de vela es dar la vuelta al mundo, atravesar sin brújula la rosa de los vientos, islas, golfos, penínsulas, diques de aguas embravecidas. No es tarea fácil -si placentera- no creas hacerlo en un día o noche de sábanas explayadas. Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas.
El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado. Encuentras un astro y quizá deberás empezar a corregir el rumbo cuando nube huracán o aullido profundo te pongan estremecimientos, cuenco de la mano que no sospechaste.
Repasa muchas veces una extensión; encuentra el lago de los nenúfares, acaricia con tu ancla el centro del lirio. Sumérgete, ahógate, distiéndete No te niegues el olor, la sal, el azúcar. Los vientos profundos cúmulos nimbus de los pulmones, niebla en el cerebro, temblor de las piernas, maremoto adormecido de los besos.
Instálate en el humus sin miedo, al desgaste sin prisa, no quieras alcanzar la cima. Retrasa la puerta del paraíso, acuna tu ángel caído, revuélvele la espesa cabellera, con la espada de fuego usurpada muerde la manzana.
Huele Duele Intercambia miradas saliva impregnante, da vueltas, imprime sollozos piel que se escurre pie hallazgo al final de la pierna. Persíguelo, busca secreto del paso forma del talón arco del andar bahías formando arqueado caminar gústalos.
Escucha caracola del oído como gime la humedad, lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración, poros que se alzan formando diminutas montañas, sensación estremecida de piel insurrecta al tacto, suave puente nuca desciende al mar pecho, marea del corazón susúrrale, encuentra la gruta del agua.
Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza, navega loco en la juntura de los océanos, cruza las algas, ármate de corales, ulula, gime, emerge con la rama de olivo, llora socavando ternuras ocultas, desnuda miradas de asombro, despeña el sextante desde lo alto de la pestaña, arquea las cejas abre ventanas de la nariz,
Aspira, suspira muérete un poco, dulce, lentamente muérete, agoniza contra la pupila, extiende el goce, dobla el mástil, hincha las velas, navega, dobla hacia Venus estrella de la mañana, -el mar como un vasto cristal azogado- duérmete náufrago.
Quiero rendirle un pequeño homenaje a este poeta por el que siento gran admiración y al que considero uno de los mejores escribiendo al amor.
POEMA DE LA CULPA
Yo la amé, y era de otro, que también la quería. Perdónala Señor, porque la culpa es mía. Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo mis labios están dulces por ese amor amargo. Ella fue como un agua callada que corría ... Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor, tu que le diste a ella su frescura de lluvia y su esplendor de estrella. Su alma era transparente como un vaso vacío: Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tu hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera? ¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío sobre la yerba seca y ávida del estío?
Traté de rechazarla, Señor, inutilmente, como un surco que intenta rechazar la simiente. Era de otro. Era de otro que no la merecía, y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño: Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño. Y ella me dió su amor como se da una rosa como quien lo da todo, dando tan poca cosa...
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco: Ella no fue culpable, Señor ... ni yo tampoco!
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella y me diste los ojos para mirarla a ella.
Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde para matar un sueño porque llegaba tarde. Si. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara, que sería pecado mayor si no la amara.
Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella, que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella, tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre, tu también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!
RESPUESTA AL POEMA DE LA CULPA (EL OTRO)
Señor, yo soy el otro que también la quería, y vengo a confesarme, porque la culpa es mía. Ella tuvo la gracia fatal de nacer bella: quien la mira, ya nunca será bueno sin ella.
Me duele soportar que alguno la haya amado, pero hay cosas tan bellas que no tienen pasado; y ella sólo mañana dejará de ser pura: cuando el roce del tiempo desgaste su hermosura.
Ella se me dió toda, como yo me di a ella, ella me dió su flor y yo le di mi estrella; porque de su perfume trascendiendo en mi llama, no quedó un solo beso de los que él me reclama.
Tal vez ella lo quiso, pero él lo dudaría, si la viera en mis brazos tan felizmente mía. Si le viera los ojos al sentirse gozada, cuando todo mi sueño le llena la mirada.
No existe culpa en ella, ni en él, ni en ti Señor; y si es mía, ¡bendigo la culpa de mi amor! Hay que ser algo malo si se busca el poder, que domina la tierra sutil de la mujer.
Ni demasiado malo, ni demasiado bueno, enfermé, sin morir, de su dulce veneno. Mi amor es el de un hombre, sencillamente humano, que sueña de limosna, sin extender la mano.
¡Ah! Pero él se redime, sólo a ti te condena, él te arroja su amor, para esquivar su pena. Perdónalo, Señor... Di quién la merecía, pues yo soy el culpable: ¡la quiero todavía!
RESPUESTA AL POEMA DE LA CULPA (ELLA)
Señor, yo no soy digna siquiera de rogarte: mi corazón ignora la palabra del arte. Sólo vengo a decirte que no me han comprendido, porque los hombres hablan con el orgullo herido.
Cubren con bellas frases su más vulgar deseo, que a veces me turbaron, pero que ya no creo. Sin embargo, a los dos me di con alegría. Lo comprendo, Señor: ¡toda la culpa es mía!
En los brazos de uno me entregué plenamente, y en los del otro... ¿Sabes lo que una mujer siente? Pregúntale a la Virgen, cuando ella era mujer, todo lo que nosotras llegamos a querer.
Perdóname la audacia, pero aquella María, no supo del abrazo viril que me rendía. No miró aquellos ojos fijos en mi hermosura, como dedos ardientes sobre mi carne impura.
Y no tembló aquel canto de amor en sus oídos que pudo abrir en músicas la flor de mis sentidos. Tú también sabes que el hombre se acerca a la mujer, ebrio por la promesa de su propio placer.
Pero la mujer llora, se resiste, Señor, y cuando al fin se ofrece, sueña con el amor. Pues, mientras en el hombre la vida se hace fuerte, la mujer se desmaya con un poco de muerte.
Quizás tuve un amante que me sedujo un día, ¡ tan malo que, por eso, me gusta todavía!