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domingo, 17 de octubre de 2010

Anoche soñé contigo...



Anoche soñé contigo...
pude sentir tus brazos en mi cuerpo,
tu manos, tu piel,
tu aliento en mi oído
al decir te amo...



Anoche soñé contigo...
pude sentirte mas cerca de mi que nunca,
anhelo tanto ese momento
que aún cuando me sorprende la mañana
mi cuerpo te sigue sintiendo.



Anoche soñé contigo...
es la única forma que tengo de estar a tu lado
de besarte, de abrazarte,
de perderme en tu voz que me embelesa.



Anoche soñé contigo...
no quiero que termine la noche
que te aparte de mi
como cruelmente lo hace cada amanecer



Anoche soñé contigo...
y no se como, pero de alguna forma
mi alma llega hasta donde tu estás
te toma de la mano y te lleva a un lugar
al que solo tu y yo sabemos llegar,
donde la distancia y el tiempo desaparecen
donde solo tu y yo importamos...



anoche soñé contigo
pude tocarte, sentir tu esencia, sentir tu alma
con las yemas de mis dedos toqué tu voz,
con un suspiro del alma toqué tu piel,
con los oidos, abracé nuestros susurros
que me erizan la piel y provocan a mis sentidos
alcanzando un climax al compás de tus caricia



Sabes amor... espero pronto
poder despertar en tus brazos
y no decir mas...
Anoche soñé contigo.


martes, 24 de agosto de 2010

Campanilla




De entre todas las hadas del bosque hay solo una
que despierta con su gran virtud cada mañana,
haciendo resonar sobre el viento la campana,
despertando el claro sol naciente en tu laguna.



Tus cálidas alas del color verde aceituna,
son las hojas que desvelan la brisa temprana,
con su aleteo tejen hilos de porcelana,
cobijando en tu volar la miel y la fortuna.



El aliento en tu cáliz es el ansiado sino,
que busca el peregrino amante en la gran distancia,
y aún perdido en tu bosque resuena su infancia,
donde el hada de sus sueños le enseñó el camino.



Eres una bella ilusión de un cuento divino,
la margarita clara, la lluvia y la fragancia,
la más bonita alondra, cubierta de elegancia,
una bella amapola que en la mente imagino.



Son tus manos sagradas las que envuelven la arcilla,
y tus dedos van llenos, de un molde perfumado,
las caricias que vierten, son el mar adorado,
son más puras que el aire, llevan miel y semilla.



Si un nombre te pusiera, sería campanilla,
pues tu voz es un mito, en el bosque encantado,
y tu viento es la sangre, del río derramado,
y tu amor es la calma, en la flor más sencilla.


El_AmAneCer

lunes, 16 de agosto de 2010

Se Llora...





No se llora por un hombre.

Se llora para apagar el daño,
porque crees que es una brizna
de mínima ceniza sobre el barro,
o sobre la hierba fresca de tu frente.



No se llora por dolor.

Se llora para calmar el daño,
pues piensas que tus lágrimas
amargas van a dulcificarte,
sin que dure muchos años.



No se llora porque pierdes,
se llora porque nunca lo tuviste,
aunque alguna vez lo imaginaste
y, nunca, nunca lo poseíste.

Se llora sin saber y sin querer siquiera.
Agua fluye de tus concavidades.
Estaba perdida entre tus dientes
y busca salida pronta hacia ese aire.



No se llora por amor.
Pues ese va contigo.
Ni por la felicidad perdida.
Esa la tuviste y la disfrutaste.

Aunque fuera de mentira.
Tú sola la construíste.
Se lo perdieron.
Tú nada perdiste.



A pesar de saber o de esperarlo,
de temerlo, pensarlo o esquivarlo,
lloras siempre, siempre, aunque no quieras.

Y no es la lágrima perdida en la ventana,
ni en la mejilla de fértil primavera,
tampoco el caudal que viene raudo,
presto, rápido, ni el calmado que fluye dentro entero,
es todo el daño que permitiste que te hicieran,
la culpa es mía, dices, pues no es la vez primera,
me dejé, lo consentí. Estaba ciega...



Hasta la muerte varias veces.

Lloro para que dure sólo unos cuantos años.

Se llora para apaciguar el daño.


hermétika

lunes, 26 de julio de 2010

Los besos que te gustan...




Los besos que te gustan tienen alas de fuego,
nacen en la espesura dialéctica de un sueño.
Crecen imperiosos, colosales y malévolos,
viajan escondidos entre letras de sosiego.



Los besos que te gustan tienen aroma de cielos
fulgurantes, supersónicos, son zigzagueantes
tienen motor atómico, que producen los deshielos.
Arrancan cortinas de nubes, como pájaros elocuentes.



Los besos que te gustan, tienen sabor de mar,
de mangos rebeldes, que se resisten a la extinción.
De caracolas fosforescentes que brillan con pasión,
de cocoteros orgullosos que cantan con el brizar.



Los besos que te gustan, no los tiene nadie más,
hierven en mi sangre hambrientos de libertad.
Ten cuidado con ellos, son ardientes, te puedes quemar,
son como brújulas locas, buscando tu claridad.



Besos sazonados, con cumbias
besos sazonados con parrandas,
besos que te apuntan.
Esos, Esos son los besos
que te gustan.


miércoles, 30 de junio de 2010

Sobran Las Palabras...


Por traidoras decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.



Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.



Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.

María Mercedes C.


viernes, 11 de junio de 2010

Amo Todo de Tí



Amo todo de ti,
tus besos y tus penas,
tu risa que me acaricia
como brisa.



Tu mirada que desciende
por mi cuerpo,
tus dudas y tus celos,
esas palabras que no dices,
y hasta tus ganas
cuando danzan
con las mías.

Amo los cristales de fuego
de tus ojos
que al disparararse en añicos,
cortejan a los míos.



Amo ese caminar despacito y seductor,
tus sentimientos que me empapan
de caricias,
que entran y se adentran,
y solo me dejan existir
de tus ansias.

Amo ésa tu locura,
por no dejarme vivir
sin martillar con tu amor
mi alma sumergida
en el intenso calor de tus deseos.



Amo ese perfume
de esencias y de néctares..
que coronan el éxtasis de tus caricias.

Amo tu forma de amarme,
de mimarme,
estrujando tu cuerpo
en mi pócima de amor.


miércoles, 12 de mayo de 2010

Te Soñaré



Soñaré con tu sonrisa,
viviré pensado en tu llanto,
iré tras de tí cuándo la primavera
florezca en nuestros campos.



Recorreré senderos de florecillas blancas,
llanuras embriagadas del perfume cándido,
volaré entre nubes de algodón,
que acarician suavemente mis encantos.



Te buscaré tras los montes frondosos
guiada por el canto melódico de los pájaros.
Iré a tu encuentro con el corazón
latiendo y desbocado.




Bajo el sol soñaré
con tus tiernos besos de enamorado
y seguiré el camino que lleve
a estar de nuevo entre tus brazos,
cuándo la primavera vuelva a
florecer en nuestros campos.







martes, 27 de abril de 2010

El Amor De Los Amores


¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a ti ¡dulce amor mío!
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?...


A ti, sin nombre para mí en la tierra
¿cómo te llamaré con aquel nombre,
tan claro, que no pueda ningún hombre
confundirlo, al cruzar por esta sierra?
¿Cómo sabrás que enamorada vivo
siempre de ti, que me lamento sola
del Gévora que pasa fugitivo
mirando relucir ola tras ola?


Aquí estoy aguardando en una peña
a que venga el que adora el alma mía;
¿por qué no ha de venir, si es tan risueña
la gruta que formé por si venía?
¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales
todos en flor, y acacias olorosas,
y cayendo en el agua blancas rosas,
y entre la espuma lirios virginales?


Y ¿por qué de mi vista has de esconderte;
por qué no has de venir si yo te llamo?
¡Porque quiero mirarte, quiero verte
y tengo que decirte que te amo!
¿Quién nos ha de mirar por estas vegas
como vengas al pie de las encinas,
si no hay más que palomas campesinas
que están también con sus amores ciegas?


Pero si quieres esperar la luna,
escondida estaré en la zarza-rosa,
y si vienes con planta cautelosa
no nos podrá sentir paloma alguna.
Y no temas si alguna se despierta,
que si te logro ver, de gozo muero,
y aunque después lo cante al mundo entero,
¿qué han de decir los vivos de una muerta?


Como lirio del sol descolorido
ya de tanto llorar tengo el semblante,
y cuando venga mi gallardo amante,
se pondrá al contemplarlo entristecido.


Siempre en pos de mi amor voy por la tierra
y creyendo encontrarle en las alturas,
con el naciente sol trepo a la sierra;
con la noche desciendo a las llanuras,
Y hallo al hambriento lobo en mi camino
y al toro que me mira y que me espera;
en vano grita el pobre campesino
«No cruces por la noche la ribera.»


En la sierra de rocas erizada,
del valle entre los árboles y flores,
en la ribera sola y apartada
he esperado el amor de mis amores.
A cada instante lavo mis mejillas
del claro manantial en la corriente,
y le vuelvo a esperar más impaciente
cruzando con afán las dos orillas.


A la gruta te llaman mis amores;
mira que ya se va la primavera
y se marchitan las lozanas flores
que traje para ti de la ribera.
Si estás entre las zarzas escondido
y por verme llorar no me respondes,
ya sabes que he llorado y he gemido,
y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.


Tú pensarás, tal vez, que desdeñosa
por no enlazar mi mano con tu mano
huiré, si te me acercas, por el llano
y a los pastores llamaré medrosa.
Pero te engañas, porque yo te quiero
con delirio tan ciego y tan ardiente,
que un beso te iba a dar sobre la frente
cuando me dieras el adiós postrero.


Dejaba apenas la inocente cuna
cuando una hermosa noche en la pradera
los juegos suspendí por ver la luna
y en sus rayos te vi, la vez primera.


Otra tarde después, cruzando el monte,
vi venir la tormenta de repente,
y por segunda vez, más vivamente
alumbró tu mirada el horizonte.
Quise luego embarcarme por el río,
y hallé que el son del agua que gemía
como la luz, mi corazón hería
y dejaba temblando el pecho mío.


Me acordé de la luna y la centella
y entonces conocí que eran iguales
lo que sentí escuchando a los raudales,
lo que sentí mirando a la luz bella.
Vago, sin forma, sin color, sin nombre,
espíritu de luz y agua formado,
tú de mi corazón eras amado
sin recordar en tu figura al hombre.


Ángel eres, tal vez, a quien no veo
ni lograré, jamás, ver en la tierra,
pero sin verte en tu existencia creo,
y en adorarte mi placer se encierra.
Por eso entre los vientos bramadores
salgo a cantar por el desierto valle,
pues aunque en el desierto no te halle,
ya sé que escuchas mi canción de amores.


Y ¿quién sabe si al fin tu luz errante
desciende con el rayo de la luna,
y tan sola otra vez, tan sola una,
volveré a contemplar tu faz amante?
Mas, si no te he de ver, la selva dejo,
abandono por siempre estos lugares,
y peregrina voy hasta los mares.
A ver si te retratas en su espejo.


He venido a escuchar los amadores
por ver si entre sus ecos logro oírte,
porque te quiero hablar para decirte
que eres siempre el amor de mis amores.


Tú ya sabes, mi bien, que yo te adoro
desde que tienen vida mis entrañas,
y vertiendo por ti mares de lloro
me cansé de esperarte en las montañas.
La gruta que formé para el estío
la arrebató la ráfaga de octubre...
¿qué he hacer allí sola al pie del río
que todo el valle con sus aguas cubre?


Y ¡oh Dios! quién sabe si de ti me alejo
conforme el valle solitario huyo,
si no suena jamás un eco tuyo
ni brilla de tus ojos un reflejo.
Por la tierra ¡ay de mí! desconocida,
como el Gévora, acaso, arrebatada
dejo mi bosque y a la mar airada
a impulso de este amor corro atrevida.


Mas si te encuentro a orilla de los mares
cesaron para siempre mis temores,
porque puedo decirte en mis cantares
que tú eres el amor de mis amores.


Aquí tu barca está sobre la arena:
desierta miro la extensión marina:
te llamo sin cesar con tu bocina
y no pareces a calmar mi pena.


Aquí estoy en la barca triste y sola
aguardando a mi amado noche y día;
llega a mis pies la espuma de la ola,
y huye otra vez, cual la esperanza mía.
¡Blanca y ligera espuma trasparente,
ilusión, esperanza, desvarío,
como hielas mis pies con tu rocío
el desencanto hiela nuestra mente!


Tampoco es el mar a donde él mora,
ni en la tierra ni el mar mi amor existe:
¡Ay! dime si en la tierra te escondiste
o si dentro del mar estás ahora.
Porque es mucho dolor que siempre ignores
que yo te quiero ver, que yo te llamo
sólo para decirte que te amo,
¡que eres siempre el amor de mis amores!


Pero te llamo yo, ¡dulce amor mío!
como si fueras tu mortal viviente,
cuando sólo eres luz, eres ambiente,
eres aroma, eres vapor del río.


Eres la sombra de la nube errante,
eres el son del árbol que se mueve,
y aunque a adorarte el corazón se atreve,
tú solo en la ilusión eres mi amante.
Hoy me engañas también como otras veces;
tú eres la imagen que el delirio crea,
fantasma del vapor que me rodea
que con el fuego de mi aliento creces.


Mi amor, el tierno amor por el que lloro
eres tan solo tú ¡señor Dios mío!
Si te busco y te llamo, es desvarío
de lo mucho que sufro y que te adoro.
Yo nunca te veré, porque no tienes
ser humano, ni forma, ni presencia:
yo siempre te amaré, porque en esencia
a el alma mía como amante vienes.


Nunca en tu frente sellará mi boca
el beso que al ambiente le regalo;
siempre el suspiro que a tu amor exhalo
vendrá a quebrarse en la insensible roca.
Pero cansada de penar la vida,
cuando se apague el fuego del sentido,
por el amor tan puro que he tenido
tú me darás la gloria prometida.


Y entonces al ceñir la eterna palma,
que ciñen tus esposas en el cielo,
el beso celestial, que darte anhelo,
llena de gloria te dará mi alma.


Carolina Coronado








 

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